Trabajar entre las tumbas, oficio de anécdotas y de respeto.

El oficio de albañilería, para perpetuar la memoria.

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La muerte es parte de la existencia pero también un medio para sostener económicamente la vida de algunas familias y para quienes trabajan a su alrededor representa un libro de enseñanzas. Desde hace 17 años Brigido Cazárez hace labores de albañilería en el panteón civil. Entre tumbas donde reposan los restos de poco mas 54 mil difuntos, trabaja todos los días, desde limpiarlas, pegar azulejos, lápidas hasta cavar dos metros para adecuar la última morada de una persona. Es testigo de los sentimientos humanos de una irremediable partida, del dolor, impresiones y afectos. Constata el olvido que salta en monumentos funerarios descuidados por los años. En otros casos le llegan a ser conocidas las caras de deudos que visitan las tumbas cada tercer día o cada semana pero aunque parezca increíble también se percata de la indiferencia inmediata a la muerte. Don Brigido Cázarez no tiene entre sus anécdotas historias de fantasmas, pero es testigo de circunstancias que podrían considerarse extrañas. El resultado de su trabajo entre tumbas es una reflexión sobre la vida. Cada año el pueblo mexicano da vida y colorido a una tradición ancestral para recordar a los fieles difuntos.

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